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economía

HISPANO-ALEMANA

Nº 5/2016 - 1/2017

La CámaraAlemana informa

El Imperio Alemán no apostó en un principio por las cámaras de co-

mercio en su promoción de las relaciones comerciales con el extranjero,

sino por la figura de los cónsules. Sin embargo, esto suponía un pro-

blema: los cónsules no eran expertos. De los 700 cónsules alemanes

existentes en el año 1900, solo 82 eran funcionarios expertos en el

campo de las relaciones comerciales.

El deseo de una mayor profesionalización del fomento del comercio

en el extranjero se volvió cada vez más acuciante. Sin embargo, no

todas las cámaras nacionales compartían esta ambición, siendo las

ciudades hanseáticas las más críticas o in-

cluso contrarias a estas intenciones, ya que

estas contaban para entonces con buenos

contactos y habían abierto incluso delega-

ciones propias.

A pesar de todas las trabas y resistencias,

en 1894 unos empresarios alemanes fun-

daron en Bruselas la primera cámara de

comercio alemana en el extranjero. No

obstante, el reconocimiento oficial y el

apoyo financiero del gobierno no llegaron.

Habría que esperar hasta 1912 para el si-

guiente hito importante: la cámara de co-

mercio alemana para Suiza vio la luz en

Ginebra con el apoyo del cónsul local; toda

una sensación a nivel local.

Los empresarios alemanes en España,

mientras tanto, observaban con preocupa-

ción el desarrollo de los acontecimientos

en su país de origen. Aunque España se de-

clararía neutral al inicio de la guerra en

1914, con la entrada en vigor en 1916 de

la “Trading with the Enemy Act” en Reino

Unido, las relaciones comerciales con personas y empresas “enemigas”

quedaron también prohibidas en los países neutrales. Esto supuso un

jarro de agua fría para las empresas alemanas en España, un país que,

con la Primera Guerra Mundial, vio fuertemente incrementada la de-

manda en sectores como el textil y el metalúrgico, gracias a las ex-

portaciones a los aliados.

El enorme crecimiento de la industria española vino acompañado de

medidas proteccionistas, que culminaron en 1917 con la Ley de pro-

tección a las industrias nuevas y desarrollo de las ya existentes de 2

de marzo 1917. Esta ley regulaba las exportaciones textiles, lo que

beneficiaba a la industria textil catalana y reaccionaba ante las di-

ficultades para importar materias primas provenientes de las zonas

en guerra.

A comienzos de 1917, los empresarios alemanes comenzaron a pensar

en agruparse durante las reuniones que se celebraban regularmente

en la asociación alemana “Germania” de

Barcelona. Se nombró una comisión de

constitución que se marcó un plan muy

ambicioso, con propuestas sobre la posible

estructura, programas de trabajo, sede y

denominación. En una reunión a media-

dos del mismo 1917 llegó finalmente la

hora: la “Asociación Económica Alemana

para España” había nacido, siendo nom-

brados presidente Federico O. Rissmann y

secretario Gerhard Wolters.

Una de las primeras misiones de la

asociación consistió en ofrecer a fa-

bricantes e inversores una panorámica

precisa de las necesidades de mercado

y oportunidades de inversión en los di-

ferentes sectores de la economía es-

pañola. Así pues, se hizo un gran

empeño por generar datos claros sobre

las importaciones y exportaciones, la

situación de la industria y el estado

general de la economía nacional. Estos

datos se incluyeron en memorandos

que se ponían a disposición de los dis-

tribuidores alemanes en sus negociaciones en España.

Cuando se reanudaron las relaciones comerciales entre España

y Alemania con el final de la Primera Guerra Mundial, a los em-

presarios que habían venido realizando voluntariamente las la-

bores de la asociación económica les resultó imposible continuar

Portada Informe Anual 1923

El presidente de la Cámara de Comercio de Mannheim,

Philipp Diffené, presenta ante el XVI Consejo Alemán del

Comercio de 1888 la petición de apoyar el establecimiento

de “representaciones de los intereses comerciales alemanes”

en el extranjero. La solicitud se aprueba con una amplia

mayoría. No obstante, solo un año después, el Canciller

Bismarck decide “no considerar la cuestión de la constitución

de cámaras de comercio en el extranjero.