29 economía HISPANO - ALEMANA Nº 2/2026 Lo primero que diría es que conviene escuchar las críticas, por supuesto, pero también conviene medir la realidad. A veces se habla del sector desde tópicos, incluso desde dentro del mismo sector, y es necesario salir de esa burbuja. Para lograrlo, desde SpainDC impulsamos una iniciativa pionera: el I Barómetro de percepción social de los centros de datos en España, elaborado con Sigma Dos, que es uno de los estudios demoscópicos más potentes de España, y el resultado es muy revelador. La ciudadanía puntúa la importancia del sector con una media de 8,7 sobre 10, una nota altísima que nos sitúa a la altura de otros servicios esenciales (nosotros lo somos y así nos ven) como la sanidad o las Fuerzas Armadas. Además, el 85,2% afirma haber oído hablar de los centros de datos y el 73% prevé un futuro positivo para el sector. Esta realidad medible desmonta la idea del rechazo. Lo que hay, más bien, es una combinación de alta valoración y conocimiento todavía incompleto, pero para eso estamos nosotros, para explicar cada vez mejor qué hacemos y para qué servimos. La lección es clara: no hay que negar las preguntas; hay que responderlas con datos. Y los datos, en España, no apuntan a un problema, sino a una oportunidad de pedagogía pública. Ahí nuestro barómetro ha sido especialmente útil: ha puesto cifras donde antes había prejuicios. En distintos países europeos, especialmente en Alemania, se están produciendo rechazos a proyectos de centros de datos por parte de la ciudadanía y de las Administraciones locales. Las críticas apuntan al consumo energético e hídrico, al tamaño de las instalaciones, al escaso empleo directo generado y al reparto de los ingresos fiscales con los municipios. ¿Cómo respondería Spain DC a estas objeciones desde la realidad española y qué diferencia, a su juicio, al modelo español en su contribución al territorio? Aragón se ha consolidado como un caso de éxito del sector gracias a un consenso político transversal y a una colaboración público-privada eficaz. Al mismo tiempo, el sector se enfrenta a un reto creciente de talento técnico, ámbito en el que la Cámara Alemana es una firme defensora de la Formación Profesional Dual y en el que están surgiendo iniciativas conjuntas entre empresas y universidades para formar perfiles especializados en centros de datos. ¿Qué lecciones extrae del modelo aragonés y qué papel deben desempeñar la formación profesional dual y la cooperación público-privada para que esta industria sea también una palanca de empleo cualificado y de desarrollo territorial? Aragón demuestra que el despliegue de centros de datos se produce cuando se combinan condiciones técnicas, visión territorial y colaboración institucional; no basta con una buena ubicación. Hace falta suelo, energía, conectividad, capacidad para proyectos de gran escala y, sobre todo, una interlocución público-privada que funcione. La gran lección aragonesa es esa: la inversión no se improvisa. Se trabaja, se ordena y se acompaña. Una segunda lección igual de importante es que, además de atraer centros de datos, hay que conseguir que una parte creciente del valor se quede en el entorno. Y esto depende del talento, porque el sector necesita perfiles en energía, refrigeración, operación, mantenimiento, ciberseguridad, automatización y gestión de infraestructuras críticas. Son empleos cualificados y con recorrido, pero no aparecen de forma espontánea. Hay que formarlos. Ahí la Formación Profesional Dual puede desempeñar un papel decisivo. En esto, posiblemente, podríamos aprender de Alemania. La FP Dual permite que la formación no llegue tarde, que no vaya por un lado el aula y por otro la empresa. Conecta la necesidad real de la industria con itinerarios concretos de empleabilidad. Si hacemos eso bien, un centro de datos no será solo una infraestructura tecnológica, sino una palanca de empleo cualificado, cadena de proveedores y desarrollo local. No podemos permitirnos una red del siglo XX para desplegar la economía digital del siglo XXI
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