27 economía HISPANO - ALEMANA Nº 2/2025 En los últimos años, la movilidad eléctrica se ha convertido en un eje central en las políticas de descarbonización, desarrollo industrial e impulso a la competitividad global. Sin embargo, el desarrollo de esta nueva movilidad no solo responde a imperativos ambientales, sino también a factores estratégicos, tecnológicos y económicos que están redefiniendo el modelo productivo, las cadenas de valor y los hábitos de consumo en todo el mundo. España afronta este proceso como un doble desafío: acelerar la transición hacia una movilidad sostenible y, al mismo tiempo, garantizar que este cambio refuerce su tejido industrial, contribuya a la independencia energética y mantenga su posición como uno de los principales fabricantes de automoción de Europa. En este contexto, la electrificación del transporte se ha convertido en un proyecto de país, que exige coordinación público-privada, innovación, inversiones y una visión estratégica a largo plazo. Desde 2011, Arturo Pérez de Lucía dirige AEDIVE, la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica, que representa a toda la cadena de valor del sector en España y Portugal. Bajo su liderazgo, AEDIVE se ha consolidado como una de las voces de referencia en electromovilidad en el mercado ibérico, trabajando activamente para acelerar la adopción de vehículos eléctricos y posicionar al sector como palanca clave de competitividad, sostenibilidad y transformación industrial. Sr. Pérez de Lucía, la movilidad eléctrica es hoy mucho más que una revolución tecnológica; es también un campo de batalla geopolítico, industrial y económico. Desde su experiencia, ¿qué papel real puede y debe jugar España en este contexto tan competitivo? ¿Qué riesgos corre el país si no acelera esta transición industrial hacia la electromovilidad? España es referente industrial mundial en la automoción y también lo es en la generación de energías renovables, así como en digitalización y conectividad. Eso significa que tenemos los mimbres necesarios para liderar la movilidad del siglo XXI, que va ligada al vehículo eléctrico, conectado y autónomo. En este contexto, apostar por el vehículo eléctrico es hacerlo no solo por la movilidad sostenible, sino también por la eficiencia energética, pues Europa y, como parte de ella, España, es absolutamente dependiente de la compra de combustibles fósiles a terceros países, pero capaz de generar su propia energía, limpia y abundante, para alimentar edificación, industria y movilidad. Aprovechar esa ventaja nos hará más resilientes e independientes energética y económicamente. Por otro lado, nuestra industria automotriz exporta el 90% de lo que produce a terceros países que tienen fecha de caducidad en 10 años para la compra de vehículos de combustión, por lo que apostar por cadenas de producción eléctricas es fundamental si queremos seguir manteniendo el liderazgo industrial y una oferta de productos atractiva.
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