Revista / Zeitschrift Economía Hispano-Alemana 01-2022

11 economía HISPANO - ALEMANA Nº 1/2022 El crecimiento exponencial de los contagios por un virus hasta entonces desconocido y el despliegue global de medidas de contención para hacerle frente ponían en marcha el más amplio y ambicioso programa piloto de teletrabajo a nivel mundial. Con el estallido de la pandemia de Covid-19, la digitalización y los avances de la tecnología y las comunicaciones hacían posible lo que poco tiempo atrás parecía una utopía: descentralizar la capacidad productiva de las empresas y acelerar de manera vertiginosa un proceso de transformación y digitalización en la gestión empresarial que, de otra manera, se estima que hubiera requerido una década en materializarse. Arrancaba así oficialmente la era del smart working . “Cada momento de crisis permite forzar comportamientos y ofrece dos lecturas, como riesgo y oportunidad. La pandemia ha acelerado determinadas premisas y tendencias ya existentes previamente (flexibilidad, deslocalización del espacio, liderazgo más cercano…) y nos ha permitido avanzar unos diez años en la evolución del futuro del trabajo”, explica Alejandra Martínez, Managing Director de la consultora bicg, especializada en la transformación cultural y digital de entornos de trabajo. Según el informe ‘Teletrabajo y trabajo en movilidad en España y la UE’, publicado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), durante el segundo trimestre de 2020 un 16,2% de los trabajadores españoles activos desempeñaron su actividad demanera habitual desde su domicilio, porcentaje que desde entonces se ha visto reducido a la mitad (8%) en el tercer trimestre de 2021. En su estudio ‘The future of work after Covid-19’, la consultora McKinsey vincula esta menor implantación del teletrabajo en sociedades como la española a unmayor peso de actividades dedicadas a manipulación física (mecánicos, albañiles, agricultores, ganaderos, limpiadores…) y a la atención y cuidado personal (peluqueros, masajistas, cirujanos, dentistas, cuidadores…), que con el trabajo en remoto verían desvirtuado parte de su valor añadido. A pesar de ello, según McKinsey, el 36% de la población activa podría desempeñar su oficio desde casa la mayor parte del tiempo sin pérdida de productividad, un porcentaje ligeramente inferior al de países como Reino Unido (48%), Francia (40%) o Alemania (39%). La vacunación masiva de la población y la previsible reducción de contagios y de la presión hospitalaria abrían el pasado verano el debate en muchas empresas sobre un retorno a la oficina 100% presencial o la transición hacia un nuevo modelo de trabajo híbrido que integre las buenas prácticas implementadas durante la pandemia y potencie lo mejor del trabajo remoto y presencial. “Lo que vivimos durante la contingencia sanitaria no fue el idílico crucero que todos esperábamos que fuera el teletrabajo. Sin embargo, nos ha dejado enseñanzas para reflexionar sobre las posibilidades reales del trabajo en remoto”, apunta Mireia Las Heras, profesora de IESE Business School y autora del estudio ‘Un lugar de trabajo sostenible: hacia un modelo remoto y presencial’ publicado por IESE Business School. “Una creencia muy común es pensar que todo el mundo quiere trabajar en remoto y que, además, quiere hacerlo a tiempo completo. Pero Marzo de 2020. foto: Siemens

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